Imploro al papel en blanco historias nuevas,
en susurros desnudos y locuras;
emborrachado por inspiraciones perdidas;
sobrecargado de papeles que no dicen su nombre;
hago hacienda en pantallas de ordenador verdes por el uso;
y cumplo las expectativas de los demás y olvido recuerdos
ya no es implorable para el borracho de la esquina.
Sesgué de pleno contactos que se olvidaron de la hora del reloj
se movió despacio, como las nóminas inversas, infelices;
con un cd raro que te invita a planchar
recubierto de luces de hipocresía desnuda sobre una cama.
Una humanidad muerta, violenta hacia un túnel sin luz;
responde con palabras a la consecuencia de su elección;
plantándose en Universidades caras, y con mucha cara;
mientras un oficinista teclea su carta de despido
y pensando en la botella de whisky por estrenar esta noche