domingo, 18 de noviembre de 2018

Tras una noche

Despierto tras la borrachera de vorágines y recuerdos suscitados;
escribiendo palabras del destierro en papeles sobre una cama;
hago suspiros desnudos en romances, nada escucho;
solo miradas de gaviotas que ríen y chillan sin pensar;
diestro campanario de una noche entre bares;
cenando con la compañía del desaliento, fusilo recuerdos
para despedazarlos, maniatarlos y amordazarlos en mi mesa;

Por tiempo limitado, solo unas horas, quedan para el descenso
al jardín del hospital psiquiátrico donde los locos admiran a los hombres;
donde el cantante habla con el Dios del Destierro, y le entrevista;
aquí y ahora, como un suspiro, vacío mi alma, para luego emborracharme de ella;
procesar Domingos de Lluvia en los andenes de un tranvía que no existe;
en una ciudad que cada vez es menos mía.

Imaginar contenidos imposibles en legajos de líneas de teléfono pinchadas;
y objetarlo todo, porque, es sabido que no hay verdades, solo lo que se quiere oír;
y resucitar y encumbrarse para luego caer al pozo y navegar por Stigia;
buscando al Barquero Mágico y Maldito,
e invitarle a una copa

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