Descendió a los Infiernos para buscar una flor;
y encontró la Verdad en una copa de cerveza;
escuchó canciones a medias en domingos frígidos
para tomar conciencia del camino a seguir;
es hora de marchar, como decía la canción;
responde al caminante sin cabeza,
no hay camino sin pies, ni libros sin lectores
que despierten del destierro al oír la voz de la campana.
Unos besos se descolgaron de la ventana marchita
auto culpándose del designio respetable, no hay relojes
que dicten las horas que resucitan, todo es una continua locura;
las pantalla grises de la fantasía no mienten tanto;
es en los momentos dulces donde se muestra la valía del martillo,
hay versos sin sentido entre las uñas de un enfermero
que saca ojos con una cuchara maestra;
ya acabó la cordura, es hora de dar vueltas a la cabeza
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