Cantó el gran pájaro negro entre lunes viejos
obviando lo inevitable, parecer no es ser;
las manadas de despieces responden al viejo ser
que apuntala palabras por correo;
hizo leña del reloj que dejó de marcar las horas;
un poeta cuenta sus lluvias a través de la ventana
que suspendió el examen de la vida
al descubrir que todo era una farsa sin sentido
y que aquellos besos eran una sentencia de muerte.
Oscureció el Domingo sus últimos suspiros
mientras la anciana prepara la cena;
esconde la mano y tira la piedra a la ventana,
para que vengan nuevos aires, nuevas caricias,
descuidando la línea del ojo de color azul;
y resultando baldosas amarillas en un sueño gris
escrito por una cantante de ópera
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